domingo, 3 de mayo de 2015

Milán. Capital de la Moda 







Si hablamos de moda, junto a nombres como París y Nueva York, siempre sale a relucir la ciudad de Milán pero ¿desde cuándo cuenta con un lugar de honor en este potente sector? Para entender el salto cualitativo de los pequeños artesanos que ya tejían o creaban zapatos en el siglo XI hay que remontarse al Renacimiento, una época próspera en Italia donde el Arte, la Música y la Literatura brillaron como nunca bajo el auspicio de los Médicis en Florencia. La forma de vestir, ya en estos momentos, denotaba un estatus social y económico. Pero si la cuna del arte del buen vestir fue florentina, el verdadero despertar a la creatividad fue milanés, ya que aquí los diseñadores contaron con total libertad. La privilegiada situación geográfica, la conexión con los mercados europeos y la tradición de ferias comerciales hicieron el resto para situarla como capital de la moda.

Diseñadores surgidos en la década de los ochenta como Armani, Prada, Ferragamo, Versace o Dolce&Gabanna son los abanderados del sello de calidad italiano. Ese estilo y exclusividad se percibe al pasear por la Galleria Vittorio Emanuele II, una bella construcción neoclásica de acero y cristal donde se mezclan las grandes billeteras con los turistas que curiosean en los escaparates o toman un capuccino en el histórico Café Savini. La tradición dicta, además, girar clavando el talón “en los testítulos del toro de mosaico”. De esta manera, dicen, se evita la mala suerte, ya que Giuseppe Mengoni, diseñador de la galería, murió en 1877 al caer de un andamio, unas semanas antes de que finalizara el proyecto. Sin duda, merece la pena pasear por estas monumentales galerías y absorber su magia.






 Por supuesto, esto es sólo el comienzo porque la verdadera meca fashion, por cantidad, se encuentra en el Quadrilatero d’Oro, cuatro calles (Monte Napoleone,  Alessandro Manzoni, vía della Spiga y Sant’Andrea) que delimitan un área donde las firmas más exclusivas compiten por atraer las miradas de los clientes. El escaparatismo alcanza aquí el nivel de arte. Si al pasear por estas calles, donde parece brillar la sonrisa más que por otros lugares, te topas con un rótulo que diga Antica Barbieria, no dudes en entrar y, si tienes tiempo y hay disponibilidad, ponte en manos de los barberos más experimentados de Milán –incluso fabrican sus propios productos–. Su dueño, Franco Bompieri, te recibirá con una sonrisa franca, haciendo honor a su nombre, y decenas de historias de sus clientes de las últimas décadas.

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domingo, 12 de abril de 2015

Escapadas desde Expo Milano 2015. Bergamo y Crespi D’Adda

Bérgamo ©PGM

Bérgamo, a unos 50 kilómetros de Milán, posee todo el encanto medieval y la delicada belleza del Renacimiento. Su núcleo se divide en dos partes: Ciudad Baja y Ciudad Alta. En la primera se congregan edificios administrativos, plazas y tiendas que se pueden recorrer en llano y sin dificultad. Para acceder a la segunda, en la colina y amurallada originalmente, hay dos opciones: retar a nuestras piernas o tomar un funicular que salva la distancia en tres minutos. Muchas de las callejuelas largas, estrechas y empinadas reservan grandes sorpresas al final. A veces surgen plazas como la Piazza Vecchia, con su fuente Contarini; edificios religiosos, como la basílica de Santa Maria Maggiore, la capilla Colleoni o la catedral; o museos, numerosos museos. 


Aunque Bérgamo da para mucho no se debe dejar pasar la ocasión de conocer Crespi D’Adda (en Capriate San Gervasio, a unos 17 km) reconocida por la Unesco por su excepcionalidad. Este es el nombre de un poblado obrero construido a finales del siglo XIX por la familia Crespi para alojar a los obreros de sus fábricas. El industrial cubría en esta pequeña urbe proletaria las necesidades de sus empleados (educación, sanidad, etc.) 

Crespi D'adda ©PGM

Aún se conservan las fábricas en estado de semiabandono, las viviendas (tipo adosados) de los trabajadores, la iglesia, las casas de los mandos intermedios, el castillo del propietario y un cementerio de tipo inglés, presidido por un gran panteón en forma de pirámide. Con regusto histórico, gourmet y artístico dejamos la Lombardía con la sensación de haber descubierto rincones únicos y poco promocionados.

Crespi D'Adda ©PGM

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miércoles, 1 de abril de 2015

Escapadas desde Expo Milano 2015. Monza y Pavía: palacios y cartujas

Villa Reale (Monza) ©PGM

Las buenas comunicaciones ferroviarias facilitan que los desplazamientos desde Milán sean muy sencillos. Las dos estaciones principales son Central y Garibaldi. La primera de ellas merece incluso que perdamos algún tren mientras admirados su belleza (a la altura de la de Nueva York). En unos 12 minutos se accede desde Garibaldi a Monza, una ciudad que muchos conocemos por tener un famoso circuito de Fórmula 1. Sin embargo, su auténtica joya es Villa Reale, un magnífico palacio de estilo neoclásico de la época de los Habsburgo, rodeado de magníficos jardines. Se puede visitar e, incluso, comer en su restaurante. También suele albergar exposiciones tan relevantes como la actual, dedicada a Steve McCurry. Pasear por las tranquilas calles de Monza y acercarse a admirar la fachada de mármol blanco y verde de su catedral también es indispensable.



Un poco más lejos, pero no mucho más, a 40 kilómetros (unos 25 minutos en tren desde la estación Central) se encuentra Pavía. Esta población que cruza el río Ticino muestra una vida muy animada, además de importantes referentes arquitectónicos. El principal, sin embargo, se haya en silencio y a las afueras. La cartuja o Certosa de Pavía, un encargo de Gian Galeazzo Visconti, es uno de los monumentos del gótico tardío más importante del país. La iglesia, con una fachada profusamente decorada; el claustro; y las dependencias de los monjes, que disponen incluso de jardín, son igualmente impactantes. 

Certosa de Pavía ©PGM
No se puede dejar esta provincia sin profundizar en dos productos gastronómicos de altura: el vino y el arroz. Para conocer mejor el primero de ellos basta con acercarse a la Fundación Bussolera-Branca, en Mairano di Casteggio. Esta organización sin ánimo de lucro además de conservar la residencia histórica, la colección de automóviles de época y carrozas de Fernando Bussolera, se encarga de la difusión de conocimientos vitivinícolas. Su presidente, Fabio Pierotti, y el enólogo de Le Fracce, Roberto Gerbino, están especialmente orgullosos de su vino más premiado, Bohemi (una mezcla de distintas uvas: Barbera, Croatina y Pinot Nero).


La segunda recomendación gourmet en Pavía es el arroz, un cereal que siembra, recoge, limpia, empaqueta y distribuye Alberto Fornaroli y su familia. Su hacienda agrícola, situada en San Martino Siccomario, se puede visitar para conocer un poco más el proceso del ingrediente principal del rico risotto italiano. Una propuesta con fundamento.


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