jueves, 30 de junio de 2016

Plaza Athénée, quizás el hotel más lujoso de París


Las vistas son un sueño, cuesta alejarse de la terraza.


Sofisticado y elegante, como la alta costura francesa. Estos dos adjetivos bastan para describir este histórico establecimiento que, desde hace más de cien años, mantiene sus puertas abiertas en la avenida de Montaigne 25, a un paso de los Campos Elíseos y de la torre Eiffel.

El hotel Plaza Athénée no es solo un alojamiento de cinco estrellas, con todas las comodidades propias de uno de ellos, es también el oasis que ya descubrieron personajes de la élite mundial. No renunciamos a caminar por sus pasillos pensando que en este lugar arrestaron a Mata Hari o que Rodolfo Valentino, Grace Kelly o Gary Cooper también se miraron en ese gran espejo del pasillo antes de entrar en el ascensor. Quizás Michael Jackson disfrutó de las vistas de la torre Eiffel al atardecer mientras se daba un baño en una de las suites con vistas a ese icono parisino o Stevie Wonder agasajó al resto de huéspedes con deliciosas melodías en el piano de uno de los salones.
Sin duda, habrán sido muchas las historias entrelazadas en estos salones exquisitamente decorados y redecorados sin perder la esencia del lugar.



Este es el patio interior, un lugar donde relajarse tras recorrer la ciudad.


Con vistas, con jacuzzi...

Es imposible no dormir como un rey en cualquiera de sus habitaciones donde la comodidad no está reñida con el buen gusto. Marie-José Pommereau ha sido la interiorista encargada durante los últimos catorce años de crear una atmósfera única basada en la decoración del siglo XVIII. Aunque el hotel cuenta con más de cien habitaciones y 54 suites, el mimo que recibe el huésped hace que se sienta único. Las suites más especiales del Plaza Athénée son las ubicadas en la esquina del edificio, con vistas panorámicas a los tejados de la ciudad y a la icónica torre francesa.



Así de bonito es el restaurante. Aquí se desayuna y también se sirven las cenas gourmet.


Ritual de belleza o gastronómico, o los dos!

La experiencia se puede complementar con un tratamiento en el Dior Institute, cuya filosofía se basa en destacar la belleza natural. Una vez que estemos guapos y descansados es el momento de disfrutar de la cocina que firma el célebre chef Alain Ducasse (con varias estrellas Michelin en diversos restaurantes) y de tomar una copa en el futurista Le Bar. Sin duda, los galardones que ha obtenido como mejor hotel de Francia son bien merecidos.



Le Bar es el lugar idóneo donde terminar la noche.

lunes, 9 de mayo de 2016

Potes, mercadillos y arte en Bilbao




Tras un agradable paseo por la Ría del Nervión llega el momento de tomar el pulso a la ciudad desde un prisma más humano y social. No hay mejor manera de hacerlo que entrar y salir de sus bares y tabernas. Los bilbaínos son amigos de los “pintxos y el txikiteo”, de la charla y el humor. Algunas zonas habituales para verlos en su salsa son la Plaza Nueva, Santa María, Pozas, Somera, Ledesma y la calle del Perro. Suelen agruparse en cuadrillas por lo que no es fácil interactuar con estos grupos si vas solo.

Los reyes a la hora del aperitivo, o antes de la cena, son  los pinchos (o pintxos), que se agolpan en tentadoras barras multicolores. Podéis empezar la ruta probando en La Olla bocados tradicionales como las gildas (formadas por una aceituna, una anchoa y una guindilla atravesadas por un palillo), que homenajean a la picante Rita Hayworth en la película homónima; y un delicioso crujiente de morcilla con piñones. Este local, ganador del premio Mejor bar de pinchos de Bizkaia 2015-2016, es perfecto tanto para tomar estas delicias como para cenar o celebrar eventos. En la Plaza Nueva también se encuentra Sorginzulo que, además de una barra muy apetecible, cuenta con una terraza donde descansar mientras se observa el trasiego de los viandantes. Esta zona es mucho más tranquila que la denominada de las Siete Calles donde los jóvenes, y no tanto, se agolpan en corrillos a la entrada de los bares desafiando el frío en invierno. Entre los muchos establecimientos recomendables destacan por incluir pinchos y comida vegana: Tirauki, con sabrosas tortillas y bocados dulces; La Camelia, con sushi bio; y Baobab.

Aunque lo tradicional es salir a tomar esta cocina en miniatura, los mismos bilbaínos reconocen que resulta caro comer solo con ellas. Lo más recomendable es picar algunas y luego entrar en algún restaurante. Los hay tradicionales como El Churrasco, el Asador Guetaria o el Café Iruña, y también con un toque innovador como Mina, Etxanobe (el restaurante del Palacio Euskalduna), Yandiola (en la Alhóndiga), Bascook (del cocinero Aitor Elizegi) y Kokken que, con look nórdico, ofrece elaboraciones sencillas con ingredientes de calidad. Aunque no esté en Bilbao (sino en Larrabetzu) no podemos dejar de recomendar el restaurante de Eneko Atxa, Azurmendi, que cuenta con tres estrellas Michelin.

Disfrutar de las terrazas no siempre es posible pero si amanece uno de esos días de invierno soleados es un placer sentarse junto a la ría. Aprovechad la visita al Mercado de la Ribera, todo un espectáculo por sus productos y bares, para disfrutar de esos tímidos rayos invernales. Aún más auténtico es Marzana 16, donde su aire retro es de verdad). Con ambiente más moderno están las terrazas del Museo Guggenheim, del Museo Marítimo y del Kubrick Bar.




Mercadillos y tiendas

Tras un largo paseo, ¿os apetece un té o un café? Bihotz es un local con aire hipster que invita a hundirse en sus sillones de cuero y degustar una sabrosa merienda maridada con una buena charla. Si coincide además con el domingo, cerca se encuentra el Mercado del Dos de Mayo. Aprovechad para pasear entre sus puestos. Exhiben todo tipo de mercancía: productos artesanos, vintage, de segunda mano... En esta zona se encuentra TrakaBarraka, la tienda- taller de Iratxe y Olatz, donde venden ropa con un toque retro y de fantasía. Su concepto de moda se ha ido haciendo un hueco poco a poco, y a esta tienda de Dos de Mayo, 3, se ha unido alguna más en Bilbao, Madrid o Logroño. Sus probadores de lunares y color fucsia no dejan que salgas con las manos vacías. Otra pareja igual de original es la compuesta por Ibai y Sara que han fundado Ätakontu. Diseñan, cortan, estampan y confeccionan sus creaciones. No puede faltar Cultto en esta relación. Con el mismo concepto slow fashion, Maitane Galarraga da rienda suelta a su imaginación ofreciendo modelos exclusivos y cortes originales. Con un sello menos artesanal, pero con una inconfundible impronta vasca, también hay que destacar tiendas como Zergatik, que significa “¿Por qué?” en euskera. Nació en Guipúzcoa y con este nombre quisieron marcar cuál era el tipo de clientes al que se dirigían: mujeres fuertes, que se hacen preguntas y buscan ropa actual sin la esclavitud de las tendencias. Y, por último, unos auténticos expertos en la expansión: Skunkfunk, que ya tienen presencia en cuatro continentes. Su fundador, Mikel Feijoo Elzo, que comenzó diseñando camisetas para conciertos, ha logrado diferenciarse con una moda que sigue las tendencias pero con una apuesta firme por la sostenibilidad.





Arte y arquitectura

Un itinerario basado en el arte y la arquitectura bilbaínos precisaría por sí mismo más de un fin de semana. Como somos de buen vivir, y parte de ese tiempo lo hemos empleado en navegar, comer e ir de tiendas, el resto lo invertiremos en conocer algunos hitos arquitectónicos. El Museo Guggenheim abrió la veda en 1997 a la innovación, a una concepción tan diferente de la establecida que, en principio, no fue bien aceptado. Hoy día, se puede decir que gracias a él Bilbao se situó en el mapa internacional (recibe anualmente más de un millón de visitantes). Ese gran barco de titanio, piedra caliza y cristal varado junto a la ría, que cambia de tonalidad camaleónicamente según el momento del día, es, en sí mismo, la mayor obra de arte. Durante ese proceso de modernización de la capital se añadió también Isozaki Atea, un complejo residencial proyectado por el arquitecto japonés Arata Isozaki donde sobresalen dos torres gemelas edificadas sobre el espacio que ocupaba el antiguo Depósito Franco de Bilbao. También se levantó, con la misma concepción luminosa, la Torre Iberdrola. Con sus 165 metros bate el récord de altura en Euskadi (es, además, el mayor rascacielos de oficinas de España). El artífice fue el argentino César Pelli, autor también de las Torres Petronas de Kuala Lumpur. La Biblioteca Foral, cuyos colores cambian según el momento del día; la Alhóndiga, cuya renovación estuvo firmada por Philippe Starck y sorprende con sus 43 columnas de diferentes estilos; el Museo Marítimo; el Bilbao Arena, la biblioteca de Deusto o el Frontón Bizkaia son también dignos representantes de esta nueva ciudad.

No perdamos de vista a Bilbao porque el Plan Especial de Ordenación Urbana de Zorrotzaurre, aprobado hace tres años, contempla transformar Zorrotzaurre en una isla con viviendas, oficinas, espacios públicos y lugares de ocio. Estará conectada con puentes a los barrios de Deusto, San Ignacio y Zorrotza. Bilbao se mira en la ría cada mañana y no solo se ve guapa sino que no tiene reparos en hacerse retoques para serlo aún más.

lunes, 25 de abril de 2016

Bilbao. Un fin de semana entre pintxos hipster, museos y paseos por la ría




¿Puede una ciudad industrial convertirse en una capital moderna y de diseño? ¿Sois capaces de imaginar a un barbudo hipster comiendo pinchos? ¿hay espacio en esta tierra consumidora de grandes chuletones para los veganos? Nuestra visita exprés en esta ocasión es a Bilbao.

Quien acuda a Bilbao esperando encontrar una ciudad gris y con perfil industrial se sentirá totalmente defraudado. Esa imagen de urbe portuaria donde las plantas siderúrgicas y los astilleros se integraban en el entramado urbano ha desaparecido. Hoy día, ese patito feo de antaño se ha transformado en un hermoso cisne y, además, ¡de diseño! Al contrario que el protagonista del cuento de Andersen, no ha sido la naturaleza quien lo ha cambiado sino un cuidado y bien pensado plan urbanístico.

Las grúas y astilleros de los noventa han dejado paso a modernos edificios firmados por los arquitectos y diseñadores más ilustres del mundo. A Frank O’Gehry, Norman Foster, César Pelli, Santiago Calatrava, Arata Isozaki, Álvaro Siza, Zaha Hadid, Ricardo Legorreta y Peña Ganchegui no les costó ver el potencial que ocultaba y aceptaron el reto de aportar su granito de arena en la creación de un Bilbao renovado. El primer exponente, y abanderado de todos los demás, fue el Museo Guggemheim, que marcó un antes y un después en la historia de la capital vizcaína.

Pero el arte y el diseño en este rincón del norte no solo lo descubrimos en la arquitectura o en los museos, también invade las tabernas, en forma de pinchos; las tiendas, que crean sus propias colecciones; y los espacios que se transforman, como la Alhóndiga, el Museo Marítimo o el Mercado de la Ribera. En un fin de semana no os prometemos que lo podáis ver todo pero sí que os enganchará lo suficiente como para poner fecha de vuelta antes de marcharos.


 

Un paseo por la ría

Una forma original de comenzar un viaje a Bilbao es navegando por la Ría del Nervión. Este caudal, que se introduce como un serpenteante cordón umbilical en la ciudad, ha marcado su trayectoria y su desarrollo desde hace siglos. Para entender mejor el importante papel histórico de la ría es recomendable visitar, antes de iniciar el paseo en barco, el Museo Marítimo. Este espacio se encuentra ubicado en las antiguas dependencias de los astilleros Euskalduna (una importante sociedad que se encargó de la construcción y reparación de barcos entre 1900 y 1984). En este museo se conserva y se difunde la relación histórica de Bilbao y la ría; además de transmitir la cultura y la identidad de aquellos que han vivido ligados a ella. En sus salas no solo se logran estos objetivos, sino que se recrean las actividades a través de dioramas creados con figuras de Playmobil para al público infantil.







Pero subamos a uno de los barcos que realizan el trayecto fluvial desde el centro hasta la desembocadura de la ría para disfrutar de sus puentes y de la perspectiva urbana que se obtiene desde cubierta. Si partimos del embarcadero de la plaza Pío Baroja saludaremos primero al puente del Ayuntamiento, con el magnífico consistorio a su lado, antes de pasar bajo el Zubizuri (puente blanco, en euskera), más conocido como el puente de Calatrava o “el de los morrazos”, cuya silueta se asemeja a un barco de vela. No está exento de polémica, ya que su suelo original, de cristal, hubo de ser cubierto por una alfombra debido a los continuos resbalones de los viandantes (de ahí el sobrenombre al que aludíamos). Menos polémico es el Puente de la Salve, o de los Príncipes de España, que se construyó a principios de los setenta y fue el primero con sistema de tirantes. Se integró como parte del perímetro del Guggenheim cuando se cumplió el décimo aniversario del museo. La puerta roja (L’arc rouge) que se incorporó fue realizada por el artista francés Daniel Buren.

A esa imagen moderna también se suma, con forma de libélula, la pasarela peatonal de Pedro Arrupe, una obra proyectada por el ingeniero José Antonio Fernández Ordóñez (y finalizada por su hijo Lorenzo). Aunque hay  más puentes, la guinda la pone el Puente Vizcaya, el primer trasbordador metálico del mundo, que fue declarado Patrimonio de la Humanidad. Fue diseñado por Alberto de Palacio y Elissague (autor también del Palacio de Cristal del madrileño Parque del Retiro), lo llevó a cabo el ingeniero francés Ferdinand Joseph Arnodin y fue financiado, principalmente, por el empresario textil bilbaíno Santos López de Letona. Esta obra de la ingeniería, de finales del siglo XIX, sigue funcionando perfectamente y cumpliendo su labor de trasladar a vehículos y personas sin interrumpir el tráfico de barcos.

Este paseo de unas dos horas –existe otro itinerario de una hora que discurre entre el puente del Ayuntamiento y la ribera de Zorrotzaurre– sintetiza la historia de Bilbao y predicen su futuro: parte del centro, pasa por plantas siderúrgicas, que siguen funcionando, y se pueden ver grandes exponentes como el Museo Guggenheim, el estadio San Mamés, el puente Zubizuri o la pasarela de Arrupe.
Continuar leyendo: Las barras de pintxos y otras delicatessen (se publicará el 9 mayo)