domingo, 22 de marzo de 2015

Conques y las vidrieras mágicas




La panorámica a la llegada a Conques (en el en el departamento francés del Aveyron) muestra un conjunto medieval de casas con entramado de madera que se distribuyen a modo de cascada sobre las laderas. El pueblo, rodeado por una naturaleza desbordante, encierra callejuelas empinadas y zigzagueantes, viviendas con tejados de pizarra, fuentes romanas, puertas fortificadas, torres y restos de murallas. No es de extrañar que Soulages, el artista que ha motivado este viaje a Francia, le tenga un cariño especial  ya que es una de las poblaciones más bellas de Francia (de hecho, pertenece al club de Les Plus Beaux Villages de France).

Aunque el artista de Rodez había sido tentado en repetidas ocasiones (y a lo largo de su trayectoria) para que colaborase en varios proyectos arquitectónicos, su respuesta siempre había sido negativa. Su actitud cambió cuando el Ministerio de Cultura le ofreció diseñar las vidrieras de la abadía de Conques. Los lazos personales que le unían a esta población y la admiración por la iglesia abacial lograron que aceptara el reto de crear unas vidrieras que no desentonaran con esta obra maestra del románico. 



Al maravilloso tímpano del Juicio Final (del siglo XII y con 124 personajes esculpidos) y a los capiteles historiados de la tribuna (a la que se puede subir) le salió en 1994 un serio competidor: 104 cristaleras translúcidas realizadas con vidrio incoloro (elaborado por el artista) y capaces de capturar la luz y proyectar las distintas tonalidades que se suceden a lo largo del día. Los bocetos a tamaño natural, como hemos mencionado anteriormente, se exhiben en el museo de Rodez. En 1998, tanto la iglesia como el puente, que cruza el río Dourdou, fueron declarados Patrimonio de la Unesco por su vinculación con el Camino de Santiago.



El Tesoro del monasterio, uno de los cinco grandes tesoros europeos de orfebrería medieval, es también una visita muy recomendable. En una estancia que simula una caja fuerte se guardan reliquias, altares, relicarios y una gran joya, la Majestad de Santa Fe (una escultura cubierta de gemas).

Reportaje completo y datos prácticos en Viajeros

domingo, 1 de marzo de 2015

Museo Soulages, un espacio innovador en Rodez



Como no podía ser de otra manera, el plato fuerte de la escapada a Rodez, del post anterior, es el Museo Soulages, un espacio arquitectónicamente innovador muy acorde con un artista de vanguardia como el que nos ocupa. Los encargados del proyecto, el estudio de arquitectura español RCR, han logrado integrar el edificio (una sucesión de cubos cubiertos de vidrio y de acero Corten oxidado) en el entorno, en un agradable y céntrico parque. En los 6.600 m2 que ocupa se suceden pasajes y aberturas que muestran distintas perspectivas de los alrededores.

En este espacio único, abierto en mayo de 2014, se venera la figura de este artista, el cual donó, junto a su esposa Colette, una colección con unas 500 obras y documentos (cuyo precio podría alcanzar los 35 millones de euros) que reflejan el conjunto de su producción, desde los óleos de postguerra hasta el Outrenoir. En un paseo por el interior se pueden admirar obras realizadas a partir de diversas técnicas y soportes: papel, lienzo, vidrio, bronce o cobre; obra impresa (aguafuertes, litografias, serigrafías); pinturas sobre lienzo y papel (un conjunto único que incluye aguadas, tintas y nogalinas); documentación; libros; fotografías; películas; correspondencia e, incluso, los trabajos preparatorios para las vidrieras de Conques.


Las formas cúbicas del museo conforman singulares y diáfanos espacios interiores donde la obra de Soulages se distribuye forjando una auténtica experiencia de luces y sombras que permite apreciar la abundancia de matices de su obras en color negro.


El arte continua en la mesa, ya que con sólo cruzar una pasarela se accede al Café Bras, donde los chefs Sébastien y Michel Bras (distinguidos con estrellas Michelin) proponen unos singulares menús donde mezclan sus magníficas creaciones, basadas en una particular interpretación de la naturaleza, con el genio inspirador de Soulages.


No podemos dejar de visitar una de las fuentes de inspiración del pintor, la colección de menhires del Museo Fenaille que se encuentra en el palacete Jouéry (siglos XIV-XVI). Distribuidas en diversas plantas se muestra la arqueología, el arte y la historia de la región del Rouergue, desde las primeras huellas del hombre hasta el siglo XVII. Con la escultura como hilo conductor se exhiben más de mil objetos entre los que destaca una colección de estatuas-menhires, la más importante de Francia. Estas figuras antropomorfas, erigidas alrededor del tercer milenio antes de Cristo, son las representaciones humanas en gran formato más antiguas de la Europa occidental. Las más célebre, y que no pasa inadvertida, es la Señora de Saint-Sernin.



Conques y las vidrieras mágicas de Soulages son el siguiente alto en el camino...

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domingo, 8 de febrero de 2015

Rodez. Tras los pasos de Soulages...



 “Cuando vuelvo a Rodez siento que formo parte de los habitantes de esta comarca, esos campesinos en apariencia ásperos, pero muy refinados”, con estas palabras define Soulages los lazos que lo unen a su ciudad natal. Visitar la ciudad natal de Pierre Soulages, el pintor contemporáneo francés más reconocido del mundo, es una inmersión en su universo particular. Paseando por las calles de Rodez intentaré acercarme un poco más al denominado “pintor de negro” –dado su gusto por este color– y a su obra.

Y es que Rodez no sería Rodez sin Pierre Soulages y viceversa. Los habitantes de esta ciudad francesa del departamento de Aveyron se sienten orgullosos de su vecino más célebre. Este artista nacido en 1919 en la calle Combarel, creció en una barriada de artesanos, rodeado de oficios, de creación constante, técnica y tenacidad en las labores. Esa amalgama forjó su carácter e influenció su obra posterior. Aquellos que han estudiado su trabajo aseguran que sus creaciones están imbuidas por la observación y la experiencia sensorial que aportan los paisajes del Aveyron, los menhires del Museo Fenaille (que le fascinan) y la iglesia de Conques. En su curriculum se citan, entre otros, las mejores galerías y museos americanos de los años cincuenta, el Museo Ermitage (San Petersburgo), el Museo Seibu (de Kyoto) y una retrospectiva en el Centro Pompidou que acogió más de medio millón de visitantes. Más de 1.500 obras de su prolífica producción se encuentran repartidas en diversas pinacotecas del mundo.

Rodez, la cuna de Soulages

Aunque a comienzos del siglo XX la fisonomía de Rodez fuese algo diferente a la que se puede ver en la actualidad, no creo que difiera tanto como para no poder imaginar al pequeño Pierre recorriendo esas calles con sabor medieval, deteniéndose frente a la Casa Colonial y maravillándose con su estructura del siglo XV.



Quizás incluso, más de una vez, pasase frente a las casas de Benuit (y entrase en su bonito patio), de la Anunciación y Armagnac (siglo XVI).


En un paseo se percibe la calma de una ciudad de provincias donde se vive bien y donde la armonía parece haberse instalado desde los tiempos convulsos del Medievo. Se suceden pequeñas tiendas con rótulos que indican su actividad (panadería, modista, carpintería…), pastelerías que impregnan el ambiente con sus croissants recién hechos y quioscos de flores que invaden las calzadas añadiendo una nota de color a las sencillas vías medievales.



Los domingos, o en las grandes fiestas religiosas, probablemente un Soulages niño acudiese a misa a la catedral de Notre-Dame de l’Assomption, una construcción con apariencia de fortaleza, alzada entre los siglos XIII y XVI. Su altísima torre de 87 metros actúa como el faro de la urbe. Si externamente llama la atención el encaje de piedra de la torre, en el interior son sus grandes dimensiones, el órgano, el coro y las historiadas vidrieras –algunas con cierto toque naif– las que reclaman atención. Cuando comienza a caer la noche y los focos la iluminan su imagen se muestra aún más elegante y angulosa. Frente a la misma –en la plaza de Armas–, los días de mercado, miércoles y sábados, surge un universo de aromas y colores que ha encandilado incluso a Michel Bras quien suele proveerse de los mejores productos con los elaborará los ricos platos del Café Bras (el restaurante integrado en el conjunto del Museo Soulages).

Como no podía ser de otra manera, el plato fuerte de esta escapada es el Museo Soulages (en el siguiente post). También visitaré Conques para disfrutar de las vidrieras realizadas por el artista de Rodez.